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Impreza STI vs. Evo VIII R

JaigutiJaiguti Forero Master ✭✭✭✭
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FRENTE A FRENTE
Los reyes del desmelene

Aunque son famosos por participar desde hace años en los mundiales de rallys, Subaru y Mitsubishi ofrecen a quien se crea capaz la posibilidad de domesticarlos.
Ambos modelos fueron desarrollados al mismo tiempo, y, con sus 13 años a cuestas y tras sucesivas remodelaciones, el Impreza y el Lancer vuelven a batirse en duelo, aunque por ahora sea en las calles. Su paulatino progreso a lo largo de los años no sólo ha afectado al aspecto mecánico, sino que ha hecho de ellos unos coches más domesticables dentro de la brutalidad, en virtud del desarrollo de ayudas a la conducción y de mejoras en elementos como diferenciales, chasis y suspensiones.

Aunque ni la cilindrada ni la potencia del Subaru y del Mitsubishi sean parecidas, sí lo son sus agresivas formas exteriores, que sólo hacen concesiones a la practicidad de cara a su uso final, también común y más cercano a la competición que a la conducción normal.

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Ante todo, el Impreza STi se diferencia del Lancer Evo VIII R por la capacidad de su motor, medio litro mayor y con 50 caballos menos de potencia, aunque estas cifras están justificadas.

Y es que el Subaru se ofrece a un público muy aficionado a los deportes de motor y con un poder adquisitivo elevado, aunque puede utilizarse sin problemas en los desplazamientos diarios, eso sí, llamando mucho la atención. El Mitsubishi, en cambio, está pensado para un uso más radical, y es más espartano e incómodo. De hecho, está concebido casi exclusivamente para competir.

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Profundizando un poco más en ambos vehículos, las principales diferencias estéticas entre uno y otro residen en algunos detalles. Los dos coches disponen de unos agresivos frontales, con enormes tomas de aire en el paragolpes y en el capó, pero lo más llamativo de los dos se encuentra sobre la tapa del maletero, coronada por un enorme spoiler, que es doble en el caso del Impreza y de fibra de carbono en el Evo. Otro detalle estilístico es el color dorado de las llantas del Subaru, o el rojo de las pinzas de freno del Mitsubishi, aspectos estos que pueden inclinar la balanza a favor de uno de los dos.

Para hallar diferencias mayores hay que entrar en el interior. El Lancer Evo VIII R destaca por carecer de todo lujo superfluo, ya que, seguramente, su propietario lo destine a competir. Tanto en uno como en otro, los asientos son una maravilla, ya que proporcionan una muy buena sujeción, y colaboran en la creación de un aspecto deportivo en el habitáculo. Si hay que elegir unos, los del Mitsubishi recogen mejor a los ocupantes delanteros.

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Frente al volante, de tres radios y forrado en cuero en los dos casos, la posición es perfecta, a pesar de que en el Lancer no se puede regular la profundidad del mismo. Las palancas de cambios están perfectamente colocadas en el lugar idóneo para ser accionadas con rapidez y precisión.

Impreza y Lancer cuentan con un interruptor, con información en el cuadro de instrumentos, que permite regular la efectividad del diferencial, con seis posiciones en el Impreza y tres en el Evo. Los cuadros de instrumentos ofrecen la información justa, sin más indicadores que los habituales. Albergan el velocímetro, el cuentarrevoluciones, el reloj del nivel de combustible y el de la temperatura del líquido refrigerante.

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Los asientos traseros son simbólicos, incapaces de recoger el cuerpo y, como mucho, útiles para sentar sólamente a dos personas con comodidad.

Donde sí destacan positivamente ambos modelos es en la capacidad de sus maleteros, totalmente desprovistos de elementos insonorizantes, con la preceptiva rueda de repuesto de emergencia bajo una liviana tapa inferior.

Bestias amansadas

Pero las sensaciones realmente fuertes parten en el momento en que ponemos en marcha los motores e insertamos la primera velocidad. El Impreza parte raudo y veloz a la mínima insinuación al acelerador, con bajos suficientes para una utilización normal. El Evo VIII R es más contenido al principio, pero en cuanto sube de vueltas, la cabeza se pega al reposacabezas, tal y como si se acabara de activar un cohete detrás de nosotros.

Los adelantamientos se completan en cuestión de momentos. La caja de cambios de seis marchas del Subaru ofrece cierta ventaja respecto a la de cinco del Mitsubishi, sobre todo en cuanto a consumo.

En zonas viradas, el Subaru es más dócil que el Mitsubishi, pero la efectividad de ambos no admite reproches. El Evo es más difícil de conducir, pero las regulaciones de los diferenciales y la rápida y directa dirección de ambos colaboran perfectamente para dirigir estas dos potentes máquinas. Únicamente es criticable el radio de giro del Mitsubishi, muy amplio, y que hace incómodo aparcar o cambiar de sentido.

Saludos

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