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Schumacher, Alonso y Senna: el cerebro privilegiado y el mal perder de los campeones

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Javier Rubio


“¿Este año, te sientes un líder dentro del equipo?”, le preguntaron a Fernando Alonso la pasada semana en Madonna de Campiglio. “Un líder dentro del equipo, sí, el líder dentro del equipo, no”. El piloto español respondía con una contradictoria evasiva que, sin ánimo de manipular sus palabras, quedó desmentida con la percepción que nos ha dejado la temporada 2010. Domenicali es el líder de Ferrari, por supuesto, Alonso también. Pero no Felipe Massa.

Un agujero negro

La intensa competitividad de los grandes talentos tiende a fagocitar como un agujero negro todos los recursos posibles dentro de un equipo. No se trata tanto de mandar como de convertirse por méritos propios en el centro de la estrategia. Un rasgo, en definitiva, también compartido por grandes como Senna y Schumacher. Y que no se limita solo a lograr mejores cronos que el compañero. Las conversaciones más suculentas de la Fórmula 1 no se producen en la radio de un monoplaza, sino en los despachos. Quién hubiera tenido un micrófono para escuchar a Dennis y Alonso en Hungría 2007.

Senna llegó a dominar al propio Ron Dennis en McLaren, y logró la marcha de Alain Prost. Ecclestone bromeaba este año con Schumacher en una entrevista con el piloto alemán acerca de su capacidad de influencia. “Me sorprendió lo rápido que creciste para pasar de piloto a team manager en Benetton...”, le decía el británico. “Eso no es totalmente correcto, quizás fue más el caso en Ferrari...”, matizaba Schumacher con una sonrisa. Y cuando dos grandes talentos conviven en un mismo equipo, ya conocemos cómo inevitablemente explota el globo.

Victorias imposibles

Los grandes también destacan por su capacidad para trascender el nivel del material disponible, como reconocía Ross Brawn en el caso de Schumacher: “Michael marcaba la diferencia. Cuando el coche no llegaba, él estaba ahí para ello, porque era completo en todos los sentidos. Daba el cien por cien, tanto en el plano físico, en la habilidad y velocidad en pista, en la motivación del equipo, de sus ingenieros….”. Senna logró igualmente victorias imposibles, además de un título en 1991 que debió corresponder entonces a Williams. Como Schumacher en el 94.

En su caso, Alonso todavía no ha contado en su carrera con un monoplaza netamente superior al resto, como Schumacher con Ferrari (en 2002 y 2004, por ejemplo), o Senna con McLaren (1988-89). Para valorar su aportación en los títulos de Renault, repasemos los resultados de sus compañeros. En 2007, Ferrari logró nueve victorias por ocho de McLaren ¿Hubiera luchado por el título la Scuderia en 2010 sin un piloto que marcara diferencias?

Un Pentium en la cabeza

Porque mientras algunos cuentan un “386” en la cabeza, unos pocos privilegiados llevan un “Pentium” por cerebro. “Una de las más sorprendentes y destacadas similitudes fue constatar que pilotar un monoplaza más rápido que el resto no les exigía el cien por cien de su capacidad mental”, explicaba Pat Symonds respecto a Senna y Schumacher. “Tenían la habilidad para analizar todo lo que ocurría alrededor de ellos. Podían recordar perfectamente cada vuelta, incluso en una carrera frenética. Era algo increíble”.

Ross Brawn lo definió como “Spare Brain Capacity”, (capacidad mental extra). “Quien mejor hace esto ahora es Alonso”, explicaba este mismo año el team manager de Mercedes. Brawn se asombraba, por ejemplo, de la enorme tranquilidad de Schumacher en las conversaciones por radio cuando rodaba al límite vuelta tras vuelta.

Grandes ganadores, malos perdedores

Pero las virtudes competitivas pueden ofrecer también un oscuro reverso ante la derrota. El joven Senna, tras ser batido en una carrera de karts por Terry Fullerton, empujó a su gran rival a la piscina. “Era una broma, pero decía mucho del personaje”, explicaría Fullerton después. En Phoenix, en 1989, cuando Prost no logró batir su tiempo final en entrenamientos, el brasileño hizo un corte de mangas al monitor, delante del equipo, y se marchó al motorhome.

En su afán por ganar, o para no perder, ambos acudieron a comportamientos en pista más que discutibles. Recordemos a Senna, en Suzuka frente a Prost, en 1990. También a Schumacher, con Damon Hill en 1994, con Villeneuve en 1997, o la maniobra de Mónaco en 2006. Su agresividad llegaba en ocasiones también al terreno físico. El brasileño cogió por el cuello a joven Schumacher tras una sesión de entrenamientos en el Gran Premio de Alemania de 1992 al sentirse deliberadamente bloqueado en su trazada. Schumacher no acabó a tortas con David Coulthard tras su accidente en el Gran Premio de Bélgica de 1998 porque lo impidieron miembros de su equipo.

Aunque al piloto español tampoco le resulta fácil ocultar su, digamos, ‘mal perder’, tampoco ha llegado a tales extremos. La reacción ante Petrov en Abu Dabi fue un ejemplo ilustrativo de su personalidad. Sin embargo, Alonso nunca ha jugado con la integridad de sus rivales en la pista ni lleva a cabo maniobras suicidas. La más polémica tuvo lugar en un box, durante los entrenamientos de Hungría 2007, cuando retuvo a Hamilton detrás de él. En respuesta, eso sí, a la ruptura por parte del británico de la estrategia pactada previamente en el seno del equipo.

En definitiva, Senna, Schumacher y Alonso comparten en mayor o menor grado muchas luces y alguna que otra sombra. Y, sobre todo, esa actitud última que tantas veces marca las diferencias, y que les une a otros muchos campeones: “un esfuerzo más, y lo que iba a convertirse en un fracaso, se convierte en un éxito”. La cita es de Lao Tse, curiosamente, uno de los personajes menos competitivos de la historia.
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"Quiero seguir en Ferrari y ganar el tercer título con ellos, acabar el trabajo de años" 02/09/2014
"Vengo a Mclaren para acabar el trabajo que empecé en 2007" 11/12/2014

"Nunca volveré a McLaren". 01/12/2010
"Dejar Mclaren fue la mejor decisión que he tomado en mi vida". 12/09/2012

"No pararé hasta ser campeón con Ferrari". 07/09/2011
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