Nueve años ya... ¡Uff! Recuerdo ese día negro para la historia de España. Nos habíamos reunido toda la familia a pasar el día juntos, en el pueblo de mi padre y mi abuelo. Fuimos a comer a un restaurante, y estábamos pasando las horas más calurosas del día en casa de mis abuelos (no os olvido, os echo de menos). Habíamos comentado el tema del secuestro en la comida, pero ni se nos pasaba por la cabeza que esa nueva fechoría de ETA acabara en fatal desenlace.
Recuerdo que subí a la planta de arriba, a buscar una radio, y escuchar las noticias de la hora que habían fijado los terroristas como límite para la ejecución de Miguel Ángel. No sé si las 17 h. Curiosamente, la única emisora que se escuchaba era la SER (ironías del destino), ya que se trata de un pueblo de montaña.
De pronto, un escalofrío me recorrió el cuerpo: "Atención, nos pasan una nota en la que se dice que ha aparecido un cuerpo con un disparo en el cabeza. Está vivo". "¡Dios mío! ¡Se han atrevido! Cabrones...", pensé.
Bajé corriendo las escaleras, al salón donde estaban mis primos, tíos, hermanos, padres, abuelos, en conversación animada pese a la hora y el calor. Dejé caer la noticia, se hizo el silencio, se quedaron todos mudos, incrédulos ante la mala nueva. "¿Pero, está vivo?" Sí, pero por poco tiempo, le habían dado el tiro de gracia, no era un disparo, sino dos. Poco a poco fueron recuperando el habla, y comenzamos a hablar de lo que podría significar aquello para España.
Tras unas horas de agonía, Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del PP en Ermua, dejaba este mundo, esta patria podrida que se llama España, con la esperanza de que no sería en balde. Pobre...
Recuerdo que, ya de vuelta en mi ciudad, quedé con mi entonces novia y hoy feliz esposa. Había una manifestación en pleno centro. Velas, silencio, algunas lágrimas, oraciones... Se había consumado la ejecución de la amenaza, nadie, creo, pensábamos que iba a ser así. Algunos, incluso, pobres ilusos, pensábamos que era el final de ETA, que ni los españoles ni el Gobierno, iban a permitir semejante atropello.
El shock duró poco, demasiado poco. Hubo manifestaciones multitudinarias, sí, pero el tiempo fue pasando, y ahora, el Gobierno que, por desgracia, ya no es del PP, negocia con los amigos y compañeros de ideas de los que aquella tarde calurosa de Julio, segaron la vida de un joven lleno de ilusiones, hicieron llorar a su novia, y a su hermana, y a su madre, como pocas veces he visto llorar a alguien... y a tantos de nosotros, emocionados ante tal salvajada sin sentido. Ahora hay que llorar por él, y por España. Ésto se nos va...
Saludos.
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